miércoles, 16 de octubre de 2019

La procesión tradicional


De la lectura de esta bella crónica se puede apreciar cómo José Carlos Mariátegui describe una serie de detalles propios de esta gran manifestación de fe del pueblo peruano, del misticismo de Lima, de sus cargadores, de las andas, del crujido de las varas, de los términos “duerme” y “almuerza”, de los pebeteros, de las sahumadoras y otros tan comunes para los nazarenos que pertenecemos a esta añeja institución.

LA PROCESIÓN TRADICIONAL

Es un desfile místico y tumultuoso que canta, reza y emociona.
La primavera de Lima -primavera anodina, neblinosa, gris, indefinida y cobarde- tiene dos días que resucitan súbitamente la tradición y la fe de la ciudad. En ellos la procesión del Señor de los Milagros dice la renovación y el florecimiento de la religiosidad metropolitana y hace pasar por sus calles híbridas, virreinales o modernas, una fuerte, melancólica y pintoresca onda de emoción.
La historia de los temblores pavorosos que han estremecido y quebrantado a la ciudad, auspicia el fervor de estos días místicos que en Lima siente muy acendrado y muy profundo el catolicismo que cotidianamente canta con sus campanarios y murmura en sus capillas.
La metrópoli transformada, morigerada y desteñida por el progreso se arredra cohíbe y oculta por un momento para que surja, vibre y palpite la metrópoli creyente, coronada y virreinal.
Hay en estos días una intensa resurrección del misticismo de Lima, asfixiado y sojuzgado ordinariamente por el vértigo y el olvido de la ciudad moderna. Y se parece esta resurrección a esos súbitos despertares piadosos que asaltan las almas de los hombres vueltos escépticos, fríos y cerebrales por el análisis, la vida y la duda.
Lima es una ciudad católica, pero no una ciudad ferviente.  No es una ciudad sentimental. Es solo una ciudad medrosa. Vive en ella la fe acaso por la supervivencia de la tradición y por el temor de un desamparo misterioso, ignorado y temido. La población que llora en las misiones es una población pecadora y asentimental que le tiene miedo al fin del mundo y al infierno. Y es una población débil para el amor, pero fácilmente accesible para la atrición.
Y esos dos días de su indecisa y apocada primavera exaltan de proviso su catolicismo y su piedad, y la hacen prosternarse humilde y rendidamente ante las andas del Señor Crucificado que la defiende de los temblores y que la bendice desde el viejo muro de adobe sobre el cual pintó su imagen la mano rústica de un negro del coloniaje.
La procesión del Señor de los Milagros llena de tristeza las calles de la ciudad.
Las manifestaciones de la fe de una multitud son imponentes. Dominan, impresionan, seducen, oprimen, enamoran, enternecen. La contemplación de una muchedumbre que invoca a Dios conmueve siempre con irresistible fuerza y honda ternura. El paso del Señor de los Milagros por las calles de Lima, produce una emoción muy profunda en la ciudad que se encuentra sorpresivamente invadida, por un sentimiento ingenuo, sedante y religioso.


Desde la hora en que se abren las puertas de la iglesia de las Nazarenas –hora clara, serena y luminosa- para que el Señor de los Milagros salga a las calles, hasta ahora-hora tardecina, melancólica y oscura- en que las andas se pierden en la oquedad sombría y ahumada de la misma iglesia, Lima siente las palpitaciones de una unción y de una tristeza muy acendradas, muy sinceras, muy grandes.
Para gozar esta emoción suave y candorosa, igual es guardar el desfile de la procesión en un umbral o en una esquina que asistir al ingreso de una imagen de una iglesia suntuosa o en una iglesia humilde y que unirse a la multitud que sigue al Señor de los Milagros en su peregrinación a través de las calles de la ciudad.
Pero singularmente, es grato e intenso gozarla cuando el rumor de la procesión, el canto de las campanas y el cristiano olor del sahumerio nos sorprenden dentro del hogar, de improviso, súbitamente, en una hora vulgar en que el espíritu está lejos de la devoción y la piedad.
Yo he sentido y he visto así la procesión. Yo he comprendido así lo que significa y lo que representa en la vida de la ciudad. Yo he amado así el instante en que el espectáculo magnífico de un recogimiento tumultuoso y sonoro ha cohibido y enternecido de pronto mi corazón.
Llegaron primero bajo mis balcones las voces de la gente que hacía la avanzada presurosa del desfile. Hay en las voces de la gente una entonación muy distinta de la que hay en las voces de la que viene en el grueso de él. Son más vivas, más bulliciosas, casi regocijadas. Anuncian la cercanía de la procesión con alguna alegría y con algún alborozo.
Y luego llegaron las voces de los cánticos y de las plegarias, voces femeninas, lánguidas y parsimoniosas que parece que nunca se extenuaran y nunca se fatigaran.
Lentamente llegó por fin la procesión. Su paso es moroso y tardo. La solemnidad es siempre majestuosa y sonora. No es posible concebirla apresurada e inquieta. Tiene la gravedad del gesto con que el sacerdote bendice en la misa a los cristianos y hace asperges en la mañana del miércoles de ceniza.
Acompasaba el paso de la procesión una marcha de una banda militar. La marcha era marcial y soberbia. Pero, al influjo de la decoración, se hacía religiosa y litúrgica. Y se hacía especialmente triste. Sonaba en cada acorde un latido lleno de melancolía.
Y yo supe entonces por qué el espectáculo de este desfile místico y tumultuoso impresiona tanto a las almas, enternece tanto a los corazones, silencia tanto todas las cosas y hace que los ojos lloren, que las rodillas se hinojen y que las manos se junten, por la señal de la Santa Cruz, etc.
Las andas del Señor de los Milagros.
Son pesadas, fuertes, opulentas las andas del Señor de los Milagros. Sobre ellas un arco de plata oscilante y bruñido hace un halo glorioso para la imagen del Señor, pintada en un lienzo que hace untuoso la luz de los cirios y que lleva en su envés la imagen de la Dolorosa, la triste Virgen del corazón atravesado por las siete espadas.

Mariátegui padeciendo de sus dolencias
en los últimos días de su existencia
Estas andas no pueden ser llevadas con presura. Son demasiado pesadas y afligen demasiado las espaldas de los hermanos que las cargan. Precisa llevarlas con sosiego. Y precisa que de trecho en trecho hagan alto, porque su marcha es jadeante y trémula.
Hombres fornidos, zambos, negros o mestizos, llevan estas andas. Se relevan de rato en rato. Y dejan las andas sudorosos, extenuados, exhaustos. Todos ellos son hermanos del Señor de los Milagros. Cofrades de una congregación humilde y piadosa de gentes del pueblo que tienen la misión de conducir las andas y de cuidar la cera del Señor.
Y estos hombres que sufren la fatiga de la carga no se quejan nunca. Tienen más que resignación, placer y regocijo en su trabajo. Saben que se cuenta, sobre su vida oscura y su devoción profunda, una verdadera leyenda. La leyenda de que el Señor de los Milagros se lleva todos los años a uno de ellos al cielo. Ellos piensan acaso que esta muerte es una muerte edificante y cristiana y que es casi un premio que los conduce a la bienaventuranza.
Las andas son antiguas. Año tras año las repara, pero nunca se las renueva totalmente. Tienen la agobiante y grave pesadez de la cruz. Y parece que las hicieran más agobiantes, mucho más agobiantes todavía, las flores que portan en los días de la procesión. A medida que la procesión avanza hay más flores sobre las andas. Unas son puestas en ellas con la unción de una ofrenda religiosa. Otras son aventadas desde los balcones como una lluvia mística. Y se hacen tan profusas y tan abundantes, que parecen que tornaran más fatigosa la carga de las andas.
Y estas andas, al avanzar, tienen a veces un crujido, a veces un temblor tan sólo, a veces una trepidación aguda. Hay instante en que se les ve bamboleante. Y cuando son puestas en el suelo y la procesión hace alto, para que los “hermanos” descansen o para que desde el patio de una casa o desde el atrio de un templo se cante una plegaria, estas andas tienen un sonido bronco y fuerte.
La ruta de la procesión.
La procesión tiene una ruta que es siempre la misma. La sigue desde hace muchos años. Y apenas si hace en ellas la alteración de suprimir la entrada en una iglesia. La ruta de la procesión abarca aproximadamente toda la ciudad antigua. No llega a Abajo del Puente. Pero tampoco se acerca a los suburbios aristocráticos de la Exposición. Cuando se fijó la ruta, no existían estos suburbios aristocráticos que no son los suburbios donde la ciudad se envejece, sino los suburbios donde la ciudad se renueva.


La ruta de la procesión va de un lado a otro de la ciudad. Conduce el desfile primero a la iglesia de Santo Domingo, luego a la Catedral y luego a la Concepción. Y tiene todos los años los mismos descansos. El mediodía del 18 de octubre en la Concepción. La noche en las Descalzas. El mediodía del 19 de octubre en Santa Catalina. Las gentes dicen sencillamente que el Señor “duerme” en las descalzas y “almuerza” un día en la Concepción y otro en Santa Catalina.
En la puntualidad y fijeza de esta ruta se siente un intenso latido de la tradición. Nada hay que las modifique.  Nada hay que las trastorne. Las andas van de una iglesia a otra con una exactitud invariable. Y los devotos saben siempre, más o menos, en qué sitio puede encontrárseles a tal hora y a cuál otra.
La entrada del Señor en su iglesia tiene siempre una grave solemnidad.
Cuando la iglesia es una humilde iglesia conventual, ¡cuán sencillos, inefables e ingenuos parecen los sones del campanario! Cantan en el coro las monjas enamoradas o los frailes broncos. Hay un homenaje amoroso y apasionado que vibra y resuena en el campanario y en el órgano. Cuando la iglesia es una iglesia grande y suntuosa, ¡cuán majestuosos y magníficos parecen los sones de las campanas formidables! Hay colegios de frailes que salen a recibir al Señor con la cruz alta y con los turíbulos y que entonan un cántico monótono y sonoro. Y entre ellos, a veces, tal prelado o cual obispo de orgullosos tonsura y porte arrogante o mezquino.
Y en esta ruta hay de todo. Pavimento metropolitano y pavimento suburbial. Adoquín, ripio, piedra de río o piedra barroqueña. Sendero cómodo y sendero hostil. Piso áspero y descuidado y piso suave y limpio. Aquí un techo terso que será grato para la planta desnuda del penitente; allá un trecho duro y cruel que tendrán que serle grato también por el amor de Dios y por el recuerdo de mucho que padeció Nuestro Señor en su pasión y muerte, etc., etc., etc.
Las sahumadoras, los penitentes, los “milagros”, las plegarias, los cánticos, el rosario y otras gentes, cosas y sucesos de la procesión.
El cortejo del Señor de los Milagros es abigarrado, heterogéneo, inmenso, amoroso, devoto, creyente. Es aristocrático y canalla. Junta al dechado de elegancia con el ejemplar de jifería. Hay en él dama de buena alcurnia y buen traje, moza de arrabal, barragana de categoría, mondaria plebeya en arrepentimiento circunstancial, criada y fregona humildes. Y hay por otra parte, varón pulcro y de buen tono, obrero mal trajeado y mal aseado, mendigo plañidero, hampón atrito, gallofero fervoroso y campesino zafio y rústico, todos ellos codeándose sin disgustos, grimas ni desazones.
Los zambos y los hábitos mantienen un jirón típico de la tradición. Son su oriflama, su heráldica y su pergamino. Coloran intensamente la fiesta y sus modalidades. Sin ellos sentiríase amortecimiento en una y otras. Y el hábito morado es sugerente y bello. Tiene un color lleno de sabiduría y de emoción, que es siempre un color litúrgico. Con lienzos morados se cubren las imágenes cristianas en los días de duelo de la Semana Santa. Y siempre cree haber uno visto el color morado en las cosas sagradas. Igual en el traje del prelado que en la casulla del párroco. Igual en una sacristía que en una capilla ardiente. El morado es armonioso y es amable. Y es sedante y melancólico. Seguramente la ciencia sabe que el color morado, por piadoso y bueno, no le hace nunca daño a la vista humana.
Las sahumadoras del Señor de los Milagros son cristianas sahumadoras que no emplean el litúrgico turíbulo ni el oriental pebetero. El que arde en sus manos y sopla su aliento es un incensario de plata o de nickel, que finge generalmente la figura de una pava, sin que esto se explique bien porque el pavo no es símbolo cristiano a lo que se sabe.
Las penitentes llevan vestidos de jerga unas y de tela moradas otras y acompañan la procesión con los pies desnudos. Sahúman o llevan cirios. Cantan rogativas o rezan el rosario. Y poseen casi una gravedad sacerdotal que se impone a los que van cerca de ellas. Inician el cántico o la oración, y las demás las obedecen con agrado y acatamiento, así la penitente sea pobre mulata y dama gentil quien la sigue en el rezo y el canto. Y, como hay sahumadoras y penitentes, hay también ambulantes, vendedores de cirios, cordones y estampas. Y hay también, dentro de la decoración de la fiesta, turroneros y vivanderas que portan la golosina y el manjar gratos al gusto y a la sazón limeñas.
Todo es emotivo, pintoresco, suave, melancólico y grato en la procesión del Señor de los Milagros. Los “milagros” cuentan siempre una leyenda así sean de oro o de plata, grandes o pequeños, de pulida o de torpe labor y con cifra o palabra o sin ellas. Y como los “milagros” son los cánticos. Y como los cánticos son plegarias. Y el santo rosario que tiene quince misterios y quince evocaciones y que tiene también muchas gracias y virtudes.
Dos días todopoderosos resucitan la tradición y la fe de la ciudad; desde un muro de adobe la imagen pintada por un negro esclavo nos impone a todos recogimiento y unción; Lima torna a ser la ciudad colonial de los temblores y de las rogativas; la oración católica, apostólica y romana se pasea impávida y generosa por todas las calles; la música marcial acompasa un desfile dulce y místico; revive la leyenda de los balcones floridos engalanados y festonados; los frailes y los niños cantan alabanzas en el umbral o en el atrio de una iglesia mientras el tumulto se calla; la golosina criolla da mercancía al comercio trashumante del pregón; los tranvías eléctricos y el tráfico mundano se paralizan en la calle que atraviesan las andas y su cortejo; suenan las alcancías de metal que piden limosnas y dan estampas u otras cosas benditas que sirven para librarnos de todo mal; las ingenuas palabras del catecismo vuelven a los labios; los corazones tienen ternuras acendradas y vierten los ojos lágrimas sinceras; la ciudad pecadora se arrepiente por un instante de cuanto hizo de palabras, pensamiento y obra y no fue bueno; y, sobre todas las cosas, triunfa el señorío de Nuestro Señor Jesucristo que murió en una cruz para redimirnos del pecado original. Amén. 
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José Carlos Mariàtegui La Chira, Moquegua 1894 - Lima 1930. Ensayista, político. Fundó las revistas “Amauta” y “Nuestra Época”, ésta con César Falcón y Félix del Valle, y el periódico “Labor”, colaboró con las revistas “Colónida” “El Tur”, “Claridad”, “Mundial” y “Variedades” y en los diarios “La Prensa” y “El tiempo”.
El 4 de setiembre de 1916 publicó el presente artículo titulado “La procesión tradicional”, la del Señor de los Milagros, que ganó el primer premio de un concurso convocado por la municipalidad de Lima. 
(Artículo publicado en la revista EL TALLÁN INFORMA, edición 131, correspondiente a setiembre – octubre 2019)

domingo, 15 de septiembre de 2019

EN DEFENSA DE TANGARARÁ: PATRIMONIO DE LA TRANSCULTURIZACIÓN DE AMÉRICA HISPÁNICA

Justamente cuando se desconoce las raíces y pasado cultural, se es parco en amar la tierra donde se nace y se vive y, por ende, incapaz de defenderla. Por ello, en estos días, sucedió un impase bastante desafortunado en la capital de la Región, con ciertos políticos de nuestra Municipalidad, respecto al tema de LA PRIMERA CIUDAD FUNDADA EN AMÉRICA PORLOS ESPAÑOLES, (dicho sea de paso esa bendita ciudad es parte de las entrañas de nuestra venerable Sullana).
EL PATRONATO DE LA CULTURA DE SULLANA que me honro en presidir, está trabajando diversos proyectos respecto a este delicado tema que, en su momento, serán organizados y realizados con las instituciones culturales, educativas, turísticas, ambientales, etc., con el apoyo y financiamiento de las empresas que se sumen a este gran objetivo.
En la visión del Patronato Cultural, en el pilar número tres, se plantea: SULLANA COMO PATRIMONIO CULTURAL CONTINENTAL DE AMÉRICA HISPÁNICA, ya que -hemos dicho- abraza en su seno a la primera ciudad establecida por la conquista. Aunque, para ello, primero buscaremos que nuestra Patria denomine a Tangarará como Patrimonio del Perú. Luego, se pedirá a la UNESCO que denomine a nuestra Provincia como Patrimonio Cultural Continental, por lo antes dicho y porque además en estas tierras se realizó el primer levantamiento contra el invasor. Este acontecimiento sucedió cuando se reunieron los trece gobernantes tallancas, para enfrentar a los españoles quienes destruían las tumbas sagradas en su ambición de llevarse el oro...
Antes de que se celebre el Bicentenario de la Libertad de nuestra Patria, el Patronato se ha propuesto, también, reunir todas las evidencias o vestigios que ayuden para alcanzar este bendito ideal. Por lo que exhorta a los historiadores, investigadores, antropólogos, arqueólogos, literatos e instituciones culturales, folklóricas, y demás entidades públicas o privadas que posean relatos, obras teatrales, canciones, danzas, objetos o cualquier otro elemento de juicio que nos sirva para lograr nuestro propósito, sírvanse comunicarse con el Patronato.
El continente, hasta el mundo entero, reconocerá que la TRANSCULTURIZACIÓN DEL CONTINENTE DE LOS PAÍSES DE HABLA HISPÁNICA SE INICIÓ EL 15 DE AGOSTO DE 1532, es decir, hace 487 años  y stá a 13 años de cumplir los 500 años. No permitiremos que intereses oscuros y ambiciosos del centralismo regional nos detengan en el objetivo de demostrar nuestra verdadera historia.
 Sullana 15 de agosto 2019
RIGOBERTO IPANAQUÉ GÁLVEZ
Presidente del Patronato Cultural Sullana


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- Literatura alucinante y apasionante de Eduardo Borrero Vargas

- Importancia del abogado en la sociedad de Sullana
- Historiador sullanero fue premiado por la Academia Nacional de la Historia. 
- PTAR pretende ubicar cámara de bombeo de Aguas servidas en zona de recreación
- Causas y consecuencias del alcoholismo en adolescentes
- El realismo mágico de Eduardo Alonso Mendoza
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LA CULTURA ESTÁ DE DUELO


Hoy solo aconteció el amanecer brumoso y friolento a causa de este clima sigiloso y traicionero, sino que la alborada nos sorprendió más afligida y llorosa que nunca. Nos anunciaba la muerte del eximio poeta Enrique Verástegui y la desaparición lamentable del gran intelectual Marco Aurelio Denegri Santagadea, periodista, sexólogo, psicólogo, sociólogo… En fin, el filósofo más importante del País, (ser especial al que había que cuidar como joya preciosa), de figura enjuta y de mirada profunda, oceánica, apacible mirada de los que saben mucho.
Marco Aurelio Denegri 
Aparecía por el “ojo mágico” era un oasis refrescante, en medio de ese desierto que emana podredumbre, como nos tiene acostumbrados la televisión nacional. Desde ahí se apoderaba de los hogares y de nuestra mente, con una seguridad asombrosa, de tal manera que, cuando su cavernosa voz enmudecía, sus macilentas manos de largos dedos –que rectaban por su frente, bajaban por su nariz, luego se posaban en su quijada– nos susurraban, en su recorrido, misteriosas historias de mundos ignotos como solo los privilegiados lo saben hacer. Transportándonos a mágicos parajes donde la sabiduría y la oratoria habían levantado su castillo…

Qué delicia maravillarse con su elocuencia, con su crítica literaria punzante, pero sincera. Ahí nadie se preocupaba por escuchar lisonjas o alabanzas baratas con referencia a oscuros personajes sin talento (tantas veces ensalzados por la estirpe de la corrupción).

Paradójicamente, aparece, este profeta de múltiples vaticinios, cuando las empresas, instituciones y los poderes del Estado están ciegos de tanta putrefacción, de tal suerte que otorgan reconocimientos a cualquier mediocre o estafador de la cultura que les halaga su ego con avidez de oportunista innato. Jamás concederían el justo reconocimiento a un gigante de la cultura. En un país decadente, aquel deseo es como nadar contra corriente. Sin embargo, es menester decirte, Marco Aurelio, que tu semilla no ha caído en tierra árida… Mientras existan, todavía, seres humanos que se sensibilizan y se engrandecen con tu Sacrosanta Palabra, la Función continuará… ¡No morirás jamás!
Enrique Verástegui
Amigos, levantemos la copa y hagamos un Triple brindis: por el aniversario de la Independencia de nuestra Patria adolorida y por el nacimiento de estos iluminados a la nueva vida, donde sabemos que sus grandiosos espíritus, con luz propia, se regocijarán en ese otro nivel de la existencia y, cual cometa, resplandecerán… ¡Salud, Perú! ¡Salud, maestro Marco Aurelio Denegri Santagadea! ¡Salud, Poeta Enrique Verástegui!

RIGOBERTO IPANAQUÉ GÁLVEZ
RIPAGAL
27.07.2018

miércoles, 11 de septiembre de 2019

“CONSTRUIR Y REFORZAR LA IDENTIDAD A TRAVÉS DE LA LECTURA”

CAJA SULLANA ENTREGÓ 102 LIBROS A LA BIBLIOTECA MUNICIPAL DE SULLANA
Caja Sullana entregó a la Biblioteca Municipal de esta ciudad un total de 102 libros de autores sullaneros cuyas obras fueron en su momento publicadas por la microfinanciera. Ello como parte de su Política de Responsabilidad Social y el objetivo de mantener contacto cercano con la comunidad para generar una mayor difusión de la investigación histórica, artística y literaria, facilitando su acceso a sus contenidos. La entrega se llevó a cabo en las instalaciones de la biblioteca y el material bibliográfico fue recepcionado por la Srta. Sonia Gutiérrez Condeza, regidora municipal e integrante de la Comisión de Educación, Cultura y Deportes y la Sra. Marianela Isabel More Chorres, Coordinadora de la Biblioteca Municipal
“Hay una constante en nuestra empresa y es el permanente acercamiento a las comu- nidades donde ofertamos nuestros servicios. En el campo de la cultura siempre buscamos aportar con nuestro granito de arena y mejor aún, si se trata de promover e impulsar el talento de los sullaneros a través de sus investigaciones históricas o creaciones literarias. Por ello, desde el Directorio estamos desarrollando este tipo de actividades que no sólo involucran a la Biblioteca Municipal de Sullana, sino que además entregaremos este importante material, -aunque ya oportunamente se ha hecho- a otras bibliotecas de la región”, señaló Joel Siancas Ramírez, presidente del directorio de Caja Sullana.
“Considero que es de vital importancia este tipo de trabajo que hace Caja Sullana porque impulsa a los artistas locales y nos ayuda a nosotros como ciudadanos a conocer el tema del arte, nuestra historia y nuestra cultura. La Municipalidad tiene como visión ser una biblioteca accesible a todos los ciudadanos, por ello estos libros que ponen a disposición de la comunidad a través de nuestra biblioteca son importantes ya que nos ayudarán a difundir esta información y poder llegar a más ciudadanos”, precisó Sonia Gutiérrez Condeza, regidora de la Municipalidad Provincial de Sullana.
Los libros
Libros como “Sullana 100 años”, “Monografía de Sullana” de Pablo Cruz Arrunátegui, “Historia de Sullana” de Miguel Arturo Seminario Ojeda y “El habla de los Sullaneros” de Manolo Abad Medina ilustran a los lectores sobre la historia de la Perla del Chira. Asimismo, “Plástica Sullanera” es el único ejemplar sobre las biografías y obras de los artistas plásticos de la región. En el campo literario, “La Gran Travesía” de Máximo Coronado Talledo y “Tiempos de Lluvia” de Mario Palomino Medina son dos grandes cuentos y novelas de la literatura regionalista. Se suma a ellos el poemario “Ofrendas” de la Sra. Bertha Núñez de Sandoval. En el campo de la investigación jurídica el libro “El Amparo Contra las Resoluciones Judiciales” de Gerardo Eto Cruz y la última publicación “Los caballeros de fuego” de Juan Domingo Saldarriaga Atoche, que revive las historias de una gran institución como la Compañía de Bomberos de Sullana N°43. 
imagencorporativa@cajasullana.pe

domingo, 18 de agosto de 2019

Fundación de Piura en 1532, ignorante celebración de autoridades sullaneras

Nunca Pizarro fundó Piura

Incompresible el procedimiento utilizado por tres autoridades sullaneras, Martín Hidalgo y Mary Mendoza portando un documento firmado por el alcalde Power Saldaña saludando a las autoridades piuranas, participando en una ceremonia con la ignorante cantaleta de que el aniversario de la “fundación” de Piura fue en 1532. 
Los regidores sullaneros son los que portan la medalla con cinta verde.
Martín Hidalgo y Mary Mendoza. Obsérvese la ubicación
de la mano derecha de la regidora sullanera...  
Nunca Pizarro fundó Piura, lo que sucedió fue un traslado de un grupo de vecinos, con toda seguridad que aquí nunca intervino ninguno de los que estuvieron en Tangarará, provenientes del asentamiento paiteño Buena Esperanza, probablemente el 15 de agosto de 1588 y el acta de este acontecimiento dice bien claro “se traslada, reedi- fica y refunda” su verdadero nombre es San Miguel del Villar y no San Miguel de Piura.
Estos datos se registran en el acta de fundación existente, como figura en la transcripción textual de los firmantes:
“Dicho nombre se pidió por petición de dichos vecinos y estando todos ellos presentes por sus nombres son los siguientes: el capitán don Alonso Forero de Ureña; corregidor y justicia mayor Antonio de Frías; alcalde ordinario Gonzalo Farfán; alcalde ordinario Juan López del Puerto; regidor Pedro de Saavedra. Vecindario de Indios Gaspar Valladolid; vecino encomendero de indios Diego de Escalante, Diego Muñoz de Sotomayor, Nicolás de Villacorta, Juan Lozada de Quiroga, Juan Francisco Baca, Ambrosio Gallego, Alonso Sánchez, Juan García Pulido”.
En base a este documento, el asentamiento de San Miguel en Tangarará, que hoy popularmente se le conoce como San Miguel de Tangarará, es la primera ciudad hispana fundada por Francisco Pizarro en el Pacífico Sur y que en este año de 2019 cumple 487 años y Piura que es San Miguel del Villar reubicada desde Paita al Chilcal (hoy Piura) cumple 431 desde su traslado en 1588
Mientras que a San Miguel de Tangarará en el valle del Chira solo le faltan 14 años para cumplir 500 años, a San Miguel del Villar (Piura) le faltan 88 años
En el transcurso del tiempo el verdadero nombre de San Miguel del Villar se fue perdiendo y en su reemplazo quedó el vocablo “Piura” tomando el nombre de San Miguel de Piura a lo que ciertas autoridades eclesiásticas, entre ellos el arzobispo Eguren, y políticas de la capital regional, pretenden imponer que San Miguel del Villar (Piura) fue fundada en 1532, desconociendo interesadamente al asentamiento fundado por Pizarro en ese año en el pueblo tallán de Tangarará a orillas del río Chira
En efecto, un diario de Piura, el 5 de junio del presente año, aparece una publicación donde se da a conocer que autoridades de la municipalidad de Piura, presionados por el clérigo Antonio Eguren, junto con los congresistas piuranos, todos estos representan a la provincia de Piura, presentarán un “proyecto de ley donde se establece como fecha definitiva el 15 de agosto como día de la fundación de Piura, que está próxima a celebrar los 486 años”. Al respecto ya se han presentado documentos similares y tanto el Poder Ejecutivo y el Congreso desestimaron.
En una actitud anti sullanera el regidor  
Hidalgo (de barba) entrega un saludo escrito del 
alcalde Power Saldaña al alcalde piurano Díaz
Sin embargo, la comuna de Piura opta por presentar el proyecto antes descrito a la Academia Peruana de la Historia que aprueba la iniciativa. Con este “aval” la municipalidad provincial de Piura, el 3 de enero del 2015 por acuerdo municipal Nº 008-2015-CCPP acuerda celebrar el aniversario de la ciudad de Piura el 15 de agosto, desconociendo el acta de fundación del 1588 que es su partida de nacimiento.
Si se consumara este hecho, por las recientes gestiones ante el congreso, sería “una falsificación de la historia” como afirmó el extinto e ilustre historiador nacional Teodoro Hampe Martínez.
Hay conocimiento que el actual gobierno de España estaría realizando una importante inversión económica al celebrarse los 500 años de la fundación del Perú que se inició en 1532 cuando Pizarro funda San Miguel en el pueblo Tallán de Tangarará a la margen derecha del río Turicarac, hoy río Chira
No entendemos los motivos por lo que las autoridades y congresistas piuranos, o tienen un bajo nivel cultural o están interesados en esas donaciones, quieran desconocer este hecho histórico, que viene siendo promovido por el obispo Eguren en una actitud francamente pecaminosa e indebida por no calificarlo con otros vocablos.
Con estos antecedentes históricos, en este protocolo realizado el 15 de julio del 2019 en la municipalidad de Piura exponiendo que Piura fue fundada en 1532, es increíble que asistan dos regidores de la ciudad de Sullana, Hidalgo y Mendoza presentando un saludo del alcalde sullanero Power Saldaña que su asistencia están avalando los intereses de las autoridades piuranas.
¿Estas autoridades de Sullana están desinformadas respecto a que la primera ciudad fundada en el Perú fue en Tangarará? ¿Es que no se les enseñó y aprendieron en el colegio? ¿Qué intereses o conveniencias hay de por medio para que estas autoridades de Sullana participen en esta payasada piurana? ¿Y las autoridades del distrito de Marcavelica?
Bueno… Podríamos aquí aplicar el concepto de que… ¿“la ignorancia es atrevida” ?
 Luis F. Adrianzén A.

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