sábado, 23 de junio de 2012

¿CAPULLANA DEL CHIRA O DIANA DEL 0LIMPO?

¿Capullana del Chira o Diana del Olimpo? 

En la edición Nº 58 del quincenario EL TALLÁN INFORMA publicamos el artículo titulado “El bello monumento de la capullana” escrito por el artista plástico y profesor, don Rigoberto Ipanaqué Gálvez, donde, entre otras apreciaciones manifiesta “porque el monumento exhibido en el parquecito frente a la avenida José de Lama que la representa, más hace alusión a la diosa Artemisa, deidad de la caza y reina de los bosques en la Mitología Griega, que a la señora que en un tiempo gobernó estas tierras.”
Esta observación concuerda con la opinión de otros intelectuales y estudiosos, especialmente ligados a bellas artes, que opinan de la similitud que existe entre la figura de la “capullana” del Chira, que se exhibe como monumento en la esquina de la “José de Lama” con la calle Tarapacá, con la “diosa” del Olimpo, Diana.
Por último, alguien comentó que mas bien parece un maniquí de esos que exhiben vestimentas… 

¿Pero quién fue Diana?

Es la diosa de la caza, de la luna, de la castidad y de los bosques. Es hija de Zeus y de Leto, por tanto es hermana de Apolo. Se dedica cazar y a recorrer los bosques.
Ayudó a su madre durante el parto de su hermano, por eso se la considera la patrona de los partos y se dice que son sus flechas las que matan a las mujeres en esos momentos. Vio lo mal que lo pasó su madre al dar a luz y por eso le pide a su padre que la permita permanecer siempre virgen.
No perdona a los que se atreven a deshonrar su intimidad como el caso de Acteón, muerto por sus perros por verla desnuda.
Se la suele representar con un arco y flechas, creados por los cíclopes que trabajan para Hefeso, de plata, y suele ir acompañada de algún animal del bosque, normalmente un cervatillo.
En la mitología romana, Diana era la diosa de la caza, se le asociaba con los animales salvajes y los bosques, y también con la Luna. En Literatura, era el equivalente de la diosa griega Artemisa. 

Y la capullana del Chira?

El historiador don Reynaldo Moya opina que “Las capullanas fueron cacicas que existieron en algunos lugares desde el sur de la costa colombiana, hasta las costas del departamento de Lambayeque. Hay que añadir que el cronista Miguel Cabello de Valboa en "Miscelánea antártica" de 1576, asegura que en Ocoña, en el litoral arequipeño, también habían capullanas. El nombre de capullana se ha generalizado para nombrar a las cacicas tallanes. El nombre de "cacica" resultaría impropio, considerando que los españoles llamaron caciques a los reyezuelos indígenas que conocemos como curacas. En este sentido, las capullanas eran curaquesas indígenas, que de acuerdo a la costumbres se les sigue llamando cacicas. Los tallanes y conquistadores incas las llamaban apullanas, tallaponas, sapullanas, sallapullas o sallapullanas. Los españoles les dieron el nombre de capullanas, por el ropaje que usaban y que las distinguía de las demás mujeres tallanes. Los españoles encontraron cierto parecido entre los vestidos de las capullanas y los capuces de las mujeres de su patria que consistía en una bata larga que iba desde el cuello hasta los pies y a veces arrastraba una cola. Traje que era usado por mujeres distinguidas” 

Una escultura que no tiene nada que ver con lo que es una mujer autóctona tallán.

Observando la escultura de una “capullana” puesta por la asociación “Tallán” de Lima, la imagen tiene rasgos muy parecidos a la diosa Diana del Olimpo.
Se observa a esa “capullana” con el brazo izquierdo extendido hacia adelante y el brazo derecho contraído hacia atrás y el cuerpo más bien en una actitud ofensiva, de ir hacia adelante. La fisonomía de la escultura representa a una mujer de raza blanca, con rasgos europeizantes.
Comparando esta escultura que simula a una “capullana” tallán con las representaciones de la diosa Diana que aquí observamos, hay una coincidente similitud en la actitud que personifica la “capullana”. Brazo izquierdo hacia adelante como sosteniendo un supuesto arco, brazo derecho contraído hacia atrás, como templando una flecha en la cuerda del arco, a la vez que el cuerpo está bien plantado semejando una actitud agresiva.
No estamos diciendo que la “capullana” que se exhibe haya sido inspirada en la figura de la diosa Diana, pero hay muchas coincidencias que desmerecen el trabajo realizado por la Asociación “Tallán” de Lima, comparándola con el pequeño huaco de una mujer tallán, denominado Figulina de Vista Florida, que es muy, pero muy diferente a lo que se representa.
Don Reynaldo manifiesta que Las capullanas anteriores a la conquista eran mujeres hermosas, seductoras y muy saludables. Según se conoce se atribuye su exuberante belleza a un bien logrado régimen alimenticio predominantemente a base pescado y mariscos. Debemos considerar que el régimen matriarcal o gobierno de las mujeres, que se atribuye a las capullanas ha existido siempre en las sociedades primitivas. Se entiende que dicho sistema ya regía para los pobladores de los valles costeños de la región norte.”…
Con esto hay que señalar que existieron y existen hermosas mujeres de la raza tallán, de piel cobriza, estatura mediana, cara achatada, cabeza braquicéfala, pelo negro, rasgos que de ninguna manera se representan en la llamada “capullana” fabricada por los responsables de la asociación Tallán de Lima.
Esto nos hace recordar, esperando que no suceda lo mismo con la “capullana” de la asociación Tallán de Lima, la escultura que representa al conquistador Francisco Pizarro, que por años estuvo ubicada en la esquina del palacio de Gobierno y la plaza de Armas de Lima, en el mismo jirón de La Unión, que ante la presión de los representantes de diversas instituciones culturales, la municipalidad de Lima tuvo que retirar semejante monumento y arrumarlo como desecho, como debía ser, en algún basurero de la capital. Pero el asunto no quedó ahí, hubo algunos desubicados que quisieron traerlo para situarlo en el mismo Tangarará, lugar donde el mismo Pizarro había hecho asesinar a 13 notables tallanes del valle del Chira.
Tremenda afrenta hubiera sido tener a este sanguinario conquistador para rendirle homenaje. También es afrenta haber diseñado una “capullana” muy lejos de sus raíces biológicas y que niega representatividad a la verdadera mujer que habitó en el valle del Chira en la época pre-hispánica.
Acertadamente Rigoberto Ipanaqué concluye su artículo “El bello monumento de la capullana” diciendo: “sugiero a los respetables señores que integraron la comisión y al esmerado  artista y profesor de la ESFAP. Ignacio Merino-Piura, desatar este nudo estético caso contrario estaremos ante un caso de racismo”. 

Artículo publicado en la edición 60 del quincenario TALLÁN INFORMA, correspondiente a la segunda quincena del mes de marzo del 2012
 


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