miércoles, 11 de enero de 2017

EL MEDIO AMBIENTE Y LA CREATIVIDAD.

Escribe: Juan Acha V.
La directora (*) del Instituto Provincial de Cultura de Sullana, me solicitó un breve artículo y me dio a elegir como tema “El clima y la creatividad” o bien el que utilizo aquí como título. Le preocupa, al parecer, el clima tropical -como el de Sullana-, que se supone ser la causa de todos los males y atrasos culturales; quizás con el inconsciente propósito de descargar al individuo de responsabilidades. Sin ligar a dudas, existen unos climas más placenteros que otros, pero ahí está el hombre para aclimatarse y superar inconvenientes, hasta organizarse en sociedades e ir forjando ese habitad artificial que es la cultura. Y si la cultura o la sociedad nos es adversa habrá quienes la superen; no importa si como excepciones.
No podemos, pues, adjudicarle mucha importancia al clima ni liberar al individuo de responsabilidades. Sobre su creatividad influyen el medio social y el cultural.  Pero el individuo también es decisivo, porque es de su responsabilidad exclusiva elegir actitudes revolucionarias o reaccionarias, progresistas o conservadoras, que le posibilita su sociedad y tiempo. Lo maravilloso de los creadores de algún bien cultural, reside, precisamente, en haber superado los condicionamientos sociales y culturales. Con este criterio realista que señala la intervención conjunta de la sociedad, la cultura y el individuo, habremos esquivado individualismos y sociologismos.
Ahora bien ¿Cómo influye el medio ambiente en la creatividad?
Principiemos por señalar cómo el medio ambiente la obstaculiza: en la gran mayoría de las sociedades actuales, todavía se insiste en que vamos a la educación primaria, secundaria y universitaria a adquirir conocimientos. Esta media verdad bloquea, de hecho, a la creatividad, pues se nos oculta que lo decisivo está en enseñar a producir conocimientos, previa adquisición de los existentes. Es decir, importa la creación de conocimientos de nuestra realidad inmediata, que tanto nos falta a los latinoamericanos, para terminar con nuestra alienación. Desconocemos nuestra realidad e incurri- mos en el desatino de importar los conocimientos que sobre ésta y contra nuestros intereses, producen los otros.
Por otro lado, la educación aspira a integrar al individuo a la sociedad, lo que equivale a modelarlo en favor de la permanencia del poder político y económico constituidos. Los mismos padres que educan a sus hijos para que sus comportamientos merezcan las retribuciones que ofrece la sociedad y eviten así los castigos con que ésta amenaza. La fantasía es reprimida y con ella la libertad. Para remate, las sociedades de hoy difunden la idea de que la creación artística consiste en representar fielmente una realidad visible o en expresar sentimientos personales. De este modo, fomenta la habilidad manual y el individualismo burgués, ahíto de narcisismos.
Por desgracia, nadie habla del verdadero ideal: crear o, lo que es lo mismo, aportar innovaciones valiosas para la colectividad. Todo nos indica que el oficialismo reprime la fantasía, al no vigorizar la capacidad de reflexión que la encauce hasta lo más beneficioso para el hombre ni promover una memoria que, como almacén de conocimientos, la sujete a la realidad. Después de todo, en la creación cultural se fusionan la fantasía, la memoria y la reflexión, más el subconsciente que alberga las experiencias que la memoria rechazó. De aquí emergen bienes culturales imprevistos que asombran, pero que luego encuentran necesidades para satisfacer, porque éstas realmente impulsaron al individuo a concebirlas. Somos países ricos en artistas y escritores de valía, sin embargo, andamos mal como colectividades.
¿Por qué?: porque muy pocos entre nosotros reflexionan. El oficialismo y los medios masivos obstaculizan el brote y desarrollo del pensamiento lógico, crítico y dialéctico, que es el productor de conocimientos y el encauzador de las creaciones culturales.
Recordemos que la educación pública y privada, más que las políticas culturales, exaltan las constantes culturales y su permanencia, cuando lo importante está en los cambios o variables, que aún en las mismas constantes, consideradas inamovibles. Es el conocimiento, la invención y el manejo de variantes, los que educan a la creatividad o capacidad de crear, son por esto garantizarle llegar a la creación (ésta es resultado y la creatividad, causa posible). Además, el conocimiento de la realidad incluye el de su potencialidad de variar. Toda realidad lleva consigo el germen de vástagos que la subvertirán y la negarán.
En las artes se habla mucho de creación, porque se la ve equivocadamente en singularidades cualesquiera, cuando todas obras humanas las tienen indefectiblemente. Las tienen, porque no pueden existir dos obras humanas completamente iguales ni enteramente diferentes; hasta un pintor que se proponga realizar dos iguales, por ejemplo, no lo logrará. En realidad, tan solo la innovación valiosa es creación cultural propiamente dicha; por eso no existe ésta en las pinturas de los locos ni de los niños, pese a deleitarnos lo insólito de unos y la expresividad de otros; lo mismo sucede con la novedad por la novedad de muchos artistas. La creación artística es de variada radicalidad y utilidad social.  Si bien abundan obras de arte que nos divierten y gustan, escasean las que muestran una creación, capaz de cambiar el curso de arte.
México; D.F., enero de 1988 – Juan Acha.  

“Estoy en contra de la idea de que la cultura es entretenimiento: debe obligar a pensar” J. Acha V.  

(*) …El artículo “El medio ambiente y la creatividad” escrito por Juan Acha, prácticamente se convierte en un documento con perfil histórico. Cuando el distinguido crítico de arte estuvo aquí en su tierra natal, entonces Marcela Ruiz Carnero era directora del Instituto Provincial de Sullana (IPCS) y entre sus proyectos había planificado la edición de una revista, comprometiendo a Acha para que participara con un artículo aceptando éste el compromiso y en enero de 1988 Marcela recibe el documento, pero lamentablemente renuncia al IPCS frustrándose el proyecto de la revista, por lo que guarda el artículo para publicarlo en una mejor oportunidad. Don Juan Acha fallece el 9 de enero de 1996 y Marcela piensa que ha llegado el momento de publicar y hacer conocer tan importante documento, eligiendo a la revista “ENFOQUE”, pues nos decía que, -considerando el origen de Acha tenía que ser una revista sullanera la que lo publicara por primera vez- actitud que nos motiva a realizar un gran esfuerzo para sacar adelante esta edición… (Parte del texto publicado en la revista sullanera “Enfoque” Año II - Edición Nº 4 - Sullana, enero 1996. Director: Luis F. Adrianzén)
  Artículo publicado en la edición 113 mes de diciembre 2016 de la revista "EL TALLÁN INFORMA" - Sullana 





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